23.11.09

EN MANTENIMIENTO
-
(POR DENTRO Y POR FUERA)
HASTA PRONTO

17.11.09

Te busco en la fuerza del futuro

Sola yo, amor,
y vos quién sabe dónde;
tu recuerdo me mece como al maíz el viento
y te traigo en el tiempo,
recorro los caminos,
me río a carcajadas
y somos los dos juntos
otra vez,
junto al agua.
Y somos los dos juntos
otra vez,
bajo el cielo estrellado
en el monte,
de noche.
Yo, amor, he aprendido a coser con tu nombre,
voy juntando mis días, mis minutos, mis horas
con tu hilo de letras.
Me he vuelto alfarera
y he creado vasijas para guardar momentos.
Me he soltado en tormenta
y trueno y lloro de rabia por no tenerte cerca,
en viento me he cambiado,
en brisa, en agua fresca
y azoto, mojo, salto
buscándote en el tiempo
de un futuro que tiene
la fuerza de tu fuerza.

Gioconda Belli

11.11.09

Quinto malo

La idea de la clonación llegó a mi mente una tarde al salir de la oficina. Es decir, ya conocía algunos casos de clones humanos pero nunca se me ocurrió clonarme yo mismo. Todo fue resultado de mi nacimiento. El día que nací mi madre vociferaba y blasfemaba contra mi padre y contra todos los hombres que preñan a su mujer por capricho. Soy el quinto hijo, único varón. Crecer entre mujeres me dio ventaja sobre los demás hombres. Llegué a la mayoría de edad conociendo cada rincón de la anatomía femenina, resultado de espiar a mis hermanas en el baño, y de sobra sé que a la mujer una vez al mes es mejor ni hablarle. Aún con esta ventaja, no he dejado de padecerlas. De hecho, mis conocimientos me volvieron más vulnerable a sus tretas. A sus desfiguros.

Gracias a mis conocimientos suelo ser el mejor amigo de cuanta fémina me rodea. Mi ventaja en el terreno anatómico me hace un excelente amante. Sé el momento justo para retirarme. El problema, porque ya se imaginaran que existe un problema ya que no estaría contándoles todo esto, es que no me doy abasto. No me soy suficiente. No hay tanto Luis que alcance.

La lista de mujeres en mi vida ha ido creciendo con los años. Ya sea por placer o por necesidad, siempre tengo a más de una mujer en mi vida. A veces tres, o cuatro, o seis… Si, ya sé que suena imposible, pero les juro es real. Más real de lo que yo quisiera. Y eso sin contar a las “otras mujeres”, las de mi familia, con las que he tenido que cargar desde aquel tortuoso día de mi nacimiento.

El tiempo no pacta conmigo. Aunque soy dueño de mis placeres no lo soy de mi tiempo. ¡Ese es el problema! Son ellas las dueñas de mi tiempo. No puedo hacer concesiones para una sin afectar a la otra, y cuando son cuatro ¡o seis!

Es por eso que recurrí a mi clonación. Primero pensé en un Luis más. Uno que se encargara de los domingos en casa de mis padres, de las horas extras de oficina, de los trámites, las citas con el dentista, las juntas con mi jefe… ¡en fin! El trabajo sucio. Yo me seguiría haciendo cargo de mis mujeres: De Ana mi vecina y sus cafecitos a media tarde; de Ceci, mi secretaria y de Fer, la secretaria de mi jefe; de Maricarmen, mi amiga pintora y sus tertulias artísticas llenas de frugales aprendices de artes plásticas (siempre dispuestas a complacer a un inteligente hombre de negocios); de Paola, mi instructora de yoga, ¿Cómo prescindir de sus servicios si es la fuente de mi paz interior?; y por supuesto de Elizabeth, mi esposa, madre de mis dos hijos, dueña de mis quincenas y mis inversiones (fatal error eso de los bienes mancomunados). Como verán, es de entender que yo necesitara otro Luis que me hiciera el paro.

Las mujeres son astutas, poseen un sexto sentido que aún hoy a mis 43 años y con todos mis conocimientos en la materia, me es difícil de predecir. Cuando creí tener un balance con mi nuevo yo, ellas empezaron a hacer preguntas: ¿Qué horas son estas de llegar? ¿Dónde andabas? ¿A qué hueles? Y cosas por el estilo. Cosas que más o menos logré esquivar, pero luego ellas doblaron la guardia. Deseaban pasar más tiempo conmigo. Se complico todo. De pronto la clase yoga se convirtió en seminario; Ceci quería que fuera su pareja en la posada de la oficina y Fer quería lo mismo. Maricarmen requería de mi persona porque tenía un bloqueo creativo y los cafecitos de Ana se empalmaban con el miércoles de cinito de Elizabeth… ¡la locura! Me las estaba viendo negras mientras mi otro yo estaba tan campante y sin sudar; en las juntas o en el messenger, haciendo como que trabajaba en mis horas extras de oficina. ¡Eso no podía seguir así! Llamé al doctor para solicitar “otro yo” con suma urgencia. Lo demás, como son ustedes muy listos, ya se lo imaginan, ellas suspicaces, yo a la alta, la oferta no cubría la demanda y… tres no éramos suficientes.

Hoy somos cuatro. Luis 2 tiene su merecido: ha tenido que cargar con Ceci y con Fer, para que sepa lo que es amar a Dios en tierra de indios. Luis 3 es el amoroso padre de familia y un cinéfilo cultivadísimo que mantiene a Elizabeth a ralla; de vez en cuando se toma un café con Ana. Luis 4 va a las tertulias con la Mary y hace yoga tres veces por semana, a veces cinco si Paola está sensible.
La vida ha vuelto a ser placentera. Todo bajo control. Mis seis mujeres están contentas y… ¿Yo? Bueno, alguien tiene que hacer el trabajo sucio.

Entradas antiguas

Cuando el tiempo, el silencio y la distancia son
enormes, conserva el asombro



Óyeme con los ojos, ya que están tan distantes los oídos y de ausentes enojos en ecos, de mi pluma mis gemidos; y ya que a ti no llega mi voz ruda, óyeme sordo,pues me quejo muda.





Sor Juana Inés de la Cruz